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Homilía La Asunción

"Fontana vivaz de esperanza”

Cuando Dante asciende por el Paraíso tiene que superar un arduo examen sobre las tres virtudes teologales: fe, esperanza, caridad. En el Canto XXV de la Divina Comedia aborda la esperanza y allí el poeta confiesa que esperamos la resurrección de la carne. Ahora bien, esta resurrección se ha anticipado, pues en el cielo hay ya dos luces que poseen la estola, que simboliza la gloria del cuerpo. Son Jesús y María, únicos que ascendieron en cuerpo y alma (Paradiso XXV). Así que María, asociada a Cristo, pertenece a la profesión de la más alta esperanza cristiana. Si nos examinamos de esperanza, es necesario hablar de su Asunción.

Los judíos pensaban que la resurrección llegaría al final del tiempo, y para todos a la vez. La fe cristiana trae una novedad. Y es que esta resurrección se ha anticipado dentro de la historia en una persona concreta, en Cristo. De esta forma queda claro que Él es la causa de nuestra futura resurrección. Además, al haber resucitado Jesús, nuestro hermano, se transforma nuestra peregrinación por esta tierra: incorporados a Él por el bautismo su resurrección afecta a nuestra carne. Estamos tocando y vislumbrando ya, en cada momento de la vida, en cada alegría y dolor, la plenitud de nuestra esperanza.

Hoy celebramos que esta anticipación de Cristo no fue solitaria, sino que el Señor quiso asociar a sí a María. Su cuerpo materno en el cielo es como una extensión del cuerpo glorioso de Cristo. De este modo resulta que, junto al cuerpo del varón, se encuentra también el cuerpo de la mujer. Es un mensaje muy necesario para el tiempo actual: el cuerpo humano está ...

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