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Homilía de Pascua

"Despertemos, nace un nuevo Día: Cristo”

“Muy temprano, el primer día de la semana...” A Jesús le gustaba madrugar. El Evangelio nos cuenta que se levantaba cuando aún estaba oscuro para adorar al Padre. No extraña así que resucitara también de madrugada, levantándose del sueño de la muerte. Y es que la resurrección es el despertar, o el ser despertado de Jesús por el Padre. La Iglesia recuerda esto, dice san Agustín, al celebrar las vigilias. La vigilia es propia de la fe cristiana, porque es la fe en la resurrección, en una vida tan intensa que deja atrás el sueño y a la vez no nos fatiga. Agustín llega a afirmar que quien no gusta de vigilias es que no espera ya la resurrección de la carne, donde todo será vigilia (Sermón 221,3). Por el contrario, quien se acostumbre a velar tampoco remoloneará cuando suenen las trompetas para que nos levantemos del sepulcro.

1. ¿A qué vida se despierta Cristo? La imagen de la vigilia nos pone en el centro del misterio que hoy celebra la Iglesia. Junto al contraste entre vida y muerte hay otro entre vida y sueño. Este nos ayuda a entender que la vida humana tiene muchos grados de plenitud. ¿No vivimos en un duermevela, un “sueño fatigoso y frecuentemente interrumpido” (diccionario RAE)? San Agustín no sabía si describir esta vida como vida mortal o como muerte vital (Confesiones I 6). Solo la vida que nos trae Jesús, añade, es “vida vital” (Enarr. in Ps. 89).

Esta distinción entre vida y vida se hace vigente en los tiempos pandémicos. Nos lo ha enseñado el conflicto entre... 

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