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Discipulazgo

 

bautismodetalle2.jpgComo Discípulos de los Corazones de Jesús y María, la palabra “discipulazgo” expresa la dimensión más fundamental de nuestra relación con Cristo, el Maestro. El discípulo aprende del Maestro, pero no en una relación académica, sino en una comunión de vida con El. Jesús “llamó a los que quiso para estar con El y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13). Por eso nuestro discipulazgo se puede expresar en tres palabras: contemplación, comunión y servicio.

1) Contemplación de Cristo. La escuela donde el Discípulo aprende a vivir el misterio de Cristo es la Cruz, que contempla junto con María. El costado abierto del Redentor nos revela el inmenso amor del Padre, y nosotros entramos en este misterio desde el Corazón de María, aprendiendo con ella y de ella a mirar al crucificado. No contemplamos a Cristo solos, sino en comunión de corazón y de mirada con María, y así reconocemos el misterio de la intimidad de Dios abierta para nosotros invitándonos a entrar en ella. Y esta contemplación afecta a nuestra vida entera. ¿Cómo?

2) Para ser uno con El. La contemplación del costado abierto de Cristo nos da un conocimiento del amor de Dios que no es meramente intelectual. La contemplación de Cristo es una invitación, una vocación a vivir su misterio. Jesús habla al corazón del discípulo y le llama a vivir en comunión con El y a ser uno con El. Y esta vida nueva a la que nos llama el Maestro la aprendemos con María. María es quien enseña a los discípulos cómo vivir el amor de Dios en la amistad con Cristo. Todas las dimensiones de nuestro ser (inteligencia, afectos, voluntad, deseos, corporeidad, corazón…) quedan empapadas y transformadas por el amor de Cristo invitándonos a la misión.

3) En servicio a la Iglesia. Este es el tercer pilar de nuestro discipulazgo. Nuestra contemplación del Crucificado significa una configuración real con Cristo que nos lleva a la misión en servicio a la Iglesia. Nuestro apostolado brota de una profunda intimidad con el Señor, y es a través de nuestro trabajo diario como podemos dar gloria a Dios, llevando a las personas al Corazón de Jesús, y ayudándoles a hacer grandes y hermosas sus vidas en la amistad con Cristo. Nuestro trabajo se concreta en prácticas e instituciones que ayuden a las personas a descubrir con ilusión y realizar con eficacia su particular vocación en un camino de santidad, ya sean niños, jóvenes o matrimonios, en el trabajo, la familia y la actividad apostólica.