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S. E. Mons. Charles J. Chaput, ofm cap

Arzobispo de Philadelphia

 

Lo que distingue a San Francisco de Asís de todos los demás reformadores de su época es algo sencillo. El entendió que no podía vivir su amor a Dios solo, ni siquiera con aquel grupo de amigos. Él necesitaba la familia extendida que Jesús había fundado. De manera que nunca dejó que ni él ni sus hermanos se separaran del Evangelio o de la Iglesia de Jesucristo, o que se separaran de la virtud de la obediencia.

xxv-aniversario-chaput.jpgLo que Francisco oyó de Jesús en la Cruz de San Damiano no fue “reemplaza mi iglesia” o “re-inventa mi iglesia”, sino “repara mi iglesia que, como puedes ver, está cayendo en ruina”. Y lo hizo en la única manera que puede ser perdurable —piedra sobre piedra— con las piedras de su propia vida y las piedras de las vidas que cambiaron por su propia virtud.

Después de ocho siglos, Dios llama a otros hombres y a nuevas comunidades a llevar a cabo la misma labor. Por eso, los Discípulos de los Corazones de Jesús y María tienen un nombre tan apropiado. Si queremos ser discípulos y crear discípulos, si de veras queremos reparar la casa de Nuestro Señor aunque estemos en la sombra de tantos problemas en la vida Católica moderna, tenemos que entender que sin santos nada de lo que hagamos tendrá fruto. No podemos dar lo que no tenemos. Si no hay un fuego Católico, feliz y sediento de Dios en la catedral de nuestros corazones, no será posible reconstruir la vida externa de la Iglesia en el mundo.

Durante los años de mi arzobispado en Denver, he tenido el privilegio de conocer a muchos excelentes sacerdotes jóvenes y muchos movimientos y comunidades fieles al Señor, dedicadas a renovar la vida Católica de acuerdo con el Santo Padre.

Pocos han tenido la combinación de madurez, felicidad, energía y disciplina que yo encuentro en los Discípulos. En Denver les encomendé una de las más grandes e importantes parroquias. Fue un riesgo: solo uno de los tres Discípulos que vinieron sabía inglés bien; ninguno era ciudadano americano; y muy pocos de nuestros sacerdotes o laicos conocían la orden de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María. Sin embargo, en el plazo de 18 meses, convirtieron a esa buena y fiel comunidad en una comunidad verdaderamente vibrante. La gente responde a dirigentes/líderes que actúan con convicción, y la efectividad de los Discípulos mana de tres grandes cualidades: agudeza intelectual, pasión por la fe y una humanidad que hace viva la presencia de Jesucristo para las personas que los conocen.

Yo siempre he creído que una parroquia crece o no debido al carácter de sus sacerdotes. Y el carácter de los Discípulos se demuestra sin duda en su constante y generosa devoción para acercar el sacramento de la Confesión a sus feligreses y su amor por el Señor en la Eucaristía. Ellos guían a sus feligreses hacia Dios con su propio testimonio de fe y amor. Esta es la esencia necesaria para ser un buen Pastor. Este es el tipo de dirección que necesitamos para purificar y renovar la Iglesia en los Estados Unidos. Por esta razón considero que es un privilegio llamar hermanos a los Discípulos de los Corazones de Jesús y María.