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Card. Fernando Sebastián

Arzobispo emérito de Pamplona

Humildad y diligencia

Me uno con gusto a la celebración del XXV aniversario de la primera aprobación canónica de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María. Esta es mi impresión y estos son mis deseos.

xxv-aniversario-fernando.jpgDesde mi primer contacto con los Discípulos vi en ellos una voluntad sincera y humilde de encontrar los caminos para un seguimiento cercano y amoroso de la vida del Señor y de sus discípulos, continuar en la Iglesia, sin glosas, la vida de la comunidad originaria.

En el trato con ellos he podido descubrir su espíritu sólido y auténticamente evangélico, hecho de humildad y sencillez, austeridad y pobreza, piedad honda y fervorosa, preparación intelectual exigente y un celo apostólico despierto y diligente. Vivido todo ello en un clima de fraternidad y de unidad sincero y efectivo.

La titularidad de los Corazones de Jesús y María marca su vida. Está también presente el estilo ignaciano, pero se sobrepone la calidez y la generosidad del corazón. En su vida y en su espiritualidad brilla la “piedad del corazón”, que yo entiendo como sinceridad, humildad, generosidad, libertad de espíritu y alegría.

En su apostolado están orientándose muy bien. La especial consagración obliga a estar disponibles para lo que la Iglesia quiera, lo que la Iglesia necesite, lo que sea más urgente en cada lugar y en cada momento. Creo que han escogido muy bien sus preferencias, evangelización, especialmente en la familia y en la juventud, con hondura, con exigencia, mirando a medio y largo plazo. Apoyándolo todo en una intensa vida de piedad y en una buena preparación intelectual.

Pido al Señor y deseo para esta joven Congregación dos cosas que me parecen fundamentales: primero, que conserven el buen espíritu, la disponibilidad, el nivel de exigencia espiritual e intelectual, sin concesiones ni rebajas. Hoy nuestra Iglesia necesita acentuar la calidad, la autenticidad, sin concesiones ni rebajas. No hay que tener prisa por crecer. La calidad traerá el número cuando Dios quiera.

Y la segunda cosa que pido y deseo para los Discípulos es que no se sientan nunca centro ni justificación de sí mismos. Nuestras organizaciones tienen siempre el peligro de convertirse poco a poco en fin de sí mismas, alejándose insensiblemente de su espíritu de servicialidad y de eclesialidad. Somos de la Iglesia y para la Iglesia, sin fronteras, sin restricciones. Profesamos la vida de especial seguimiento y consagración precisamente para vivir más intensamente la vida cristiana común, para estar más disponibles, para ser los primeros en el servicio, los primeros en ser los últimos, por amor del Señor y de los hermanos.

Que el Señor y la Virgen María os conserven como sois ahora y os hagan cada vez mejores para bien de su Iglesia y alabanza de Dios.