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Prof. Mons. Livio Melina

Presidente del Pontificio Istituto Giovanni Paolo II Ciudad del Vaticano 

Una amistad operativa en una pasión común
por la verdad y por la familia

“Se puede llegar a tener amigos solamente si se desea algo distinto de los amigos”, así describe C. S. Lewis el secreto de la amistad en su famosa obra Los cuatro amores. ¿Qué es eso distinto que se busca? Nuestro autor lo describe en dos trazos: en primer lugar, participar de una visión común de las cosas, la pasión por la misma verdad; y después, en segundo lugar, querer realizar concretamente en una obra común lo entrevisto juntos.

xxv-aniversario-melina.jpgCelebrar el 25 aniversario de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María significaba para mí, antes de nada, agradecer al Señor por la experiencia de una gran amistad, iniciada hace casi veinte años, en el ámbito del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la familia, una amistad, en la que la participación en un mismo sentir y en una misma visión del hombre y de la Iglesia, al inicio solo intuida y después verificada y madurada en el tiempo, ha producido una maduración personal y una gran fecundidad de obras comunes, al servicio de la obra pastoral de la Iglesia por la familia.

En el año 1994 se acercaba a mis cursos de Teología moral José Noriega, enviado a Roma por su Superior general, el Padre Luis de Prada, con el deseo de profundizar en una visión de la teología moral fiel a la gran Tradición viva y al Magisterio de la Iglesia, y al mismo tiempo, capaz de responder a las preguntas del corazón humano, de ayudarle a encontrar el camino de plenitud en el amor. Después de él, otros discípulos se han acercado al Instituto y han frecuentado los cursos de licenciatura y de doctorado: Armando Marsal, Leopoldo Vives, Juan de Dios Larrú, Luis Granados… Mientras otros, que se especializaban en otras facultades pontificias de Roma, entraban en la esfera de la tarea común de estudio e investigación, ofreciendo una contribución desde perspectivas complementarias: Luis Sánchez, José y Carlos Granados.

Se inició, así, un diálogo vivo sobre los contenidos, guiado por la pasión común por la verdad y por el deseo de seguir los grandes maestros, como el Beato Juan Pablo II, en primer lugar, pero también el gran Tomás de Aquino, Balthasar, Ratzinger… La genialidad académica del actual cardenal Angelo Scola, entonces Presidente del Instituto, nos ofreció el contexto ideal de trabajo en un área de investigación sobre la Teología moral, que ha sido y continúa siendo un ámbito de diálogo, de estudio común, de verificación de hipótesis, de organización de coloquios y discusiones, pero sobre todo, un lugar de encuentros estimulantes a nivel internacional. La amistad se hacía operativa y comenzaba a extenderse, a mostrar su fecundidad en la formación intelectual y en la pastoral de las personas, en la producción de libros y en la ideación de obras comunes.

“Es el Señor quien elige nuestros amigos y la amistad verdadera es una escuela de amor”, escribe Paul Wadell, retomando temas agustinianos. La visión común depende, en efecto, no de una ideología artificialmente construida, sino, más bien, del ser tocados y heridos por una verdad más grande, de la que se experimenta la correspondencia con el corazón y con la vida. La centralidad de la cuestión del amor por la vida de cada hombre y de cada mujer; la fascinación del encuentro con Cristo en la Iglesia, experimentada como lugar de inicio de una humanidad nueva; la urgencia del desafío educativo para una vida buena y la prioridad de la familia, “pequeña iglesia doméstica”, Betania de descanso y de alimento para la misión. Estos son los puntos luminosos de los que se nutre el camino de investigación intelectual y la pasión comunicativa en la enseñanza.

Y después las obras comunes, que a partir del Instituto se han desarrollado en la pastoral concreta: las iniciativas de congresos académicos, los proyectos concretos de presencia en los diferentes continentes (de Corea a Australia, de los Estados Unidos a América Latina, en África, en el Líbano), los cursos de formación para las familias del máster de pastoral familiar, en Bioética, y el proyecto de empresas “amigas de la familia”, reconocimiento de la riqueza que supone para la formación del capital social

Celebrar el veinticinco aniversario es hacer memoria de una historia de gracia, reconocer su origen en la obediencia al carisma recibido, confiarla al Señor, para que dé todavía más fruto. El Señor, que elige nuestros amigos, bendiga la comunidad de los Discípulos, para que su pasión por la verdad y por la familia continúe alimentando la obra común en servicio a la Iglesia.