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S. E. Mons. Ramón del Hoyo

Obispo de Jaén

Mi cercanía a los Discípulos de los Corazones de Jesús y de María se remonta hasta sus primeros pasos. Me encontré con los primeros siendo profesor en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Solían preguntarme con mucho interés sobre diversos temas de derecho canónico, sobre todo relacionados con las personas jurídicas en la Iglesia, luego entendí el porqué.

xxv-aniversario-ramon.jpgSiempre observé en aquel primer grupo de estudiantes seguridad en sus pasos. Se intuía en ellos una profunda vida de piedad y mucha claridad de ideas.

Al incorporarme a la Diócesis de Cuenca, como Obispo, de nuevo me encontré con ellos. Habían sido aprobados por mi predecesor en aquella sede, Mons. José Guerra Campos, como Asociación pública de Fieles, con votos. Les visité muy pronto en Villaescusa de Haro, su Sede. Al contemplar en su huerta unos árboles recién plantados, pensé: estos jóvenes entusiastas van a dar abundantes frutos. Deposité mi petición ante el Santísimo Sacramento y la puse en manos de la Virgen María, prometiéndome a mí mismo apoyarles cuanto pudiera.

Desde mi contacto cercano disfrutaba con su crecimiento. Se ordenaban otros sacerdotes y llegaban nuevas vocaciones al grupo. Por fin, en un viaje a Roma, informé al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica sobre la floreciente Asociación. Me animó para continuar en su apoyo pero terminó diciéndome que eran aún pocos para su aprobación diocesana, como Instituto Religioso. Esperé algo más de tiempo y lo fuimos preparando. Por fin, el día de Pentecostés de hace diez años, procedí a su erección, con el conocimiento de la Congregación. Nos acompañó el P. Vicente María Blanco sj. Observé que le saltaban las lágrimas en un momento. Hoy velará por los Discípulos desde la presencia de Dios. Son hitos de una historia que no ha hecho más que empezar.

Quiero ver en esta familia la mano de Dios y a los Discípulos, como San Juan y aquellas mujeres al pie de la cruz, junto a Cristo y a su Santísima Madre (cf. Jn 19,25-27), unidos a los corazones de Jesús y de María. Vuestro carisma y misión en la Iglesia es de máxima actualidad.

Mi felicitación y apoyo ante el Señor continuará siempre. Que Él os bendiga.