Queridos amigos:

El próximo mes de junio, mes del Corazón de Cristo, visitará España el Papa León XIV. La última visita papal la realizó hace quince años Benedicto XVI para la jornada mundial de la juventud de 2011. Es un regalo que León haya elegido España como el primer gran país occidental al que viaja en misión apostólica. ¿Cuáles son las claves para acoger su visita en los lugares donde está presente nuestra familia discipular de Madrid y Barcelona?

Partimos del lema elegido: “Alzad la mirada” (Jn 4,35). La frase la pronuncia Jesús tras encontrarse con la Samaritana y recibir a sus discípulos. Entonces les invita a alzar los ojos a los campos y verlos preparados ya para la siega. Otros trabajaron arando y ellos se alegrarán recogiendo la mies. Cristo anticipa así la misión de la Iglesia, en un campo fértil regado por el agua que mana de su costado abierto.

La primera clave de esta visita la marca, por tanto, la promesa de fecundidad en la misión de la Iglesia. En estos tiempos duros, en que todo parece desierto, también para la fe, la invitación a alzar la mirada reaviva la esperanza del Evangelio. Con los ojos de Jesús descubrimos la sed de amor verdadero que quema el corazón de los hombres, como quemaba a la Samaritana. El diálogo de Jesús con aquella mujer evoca al profeta Oseas, que habla de Israel como esposa de Dios que, aunque se ha olvidado de Él, retorna a su Señor (Os 2,4-25). El pasaje de Oseas concluye también con la fecundidad, pues la mujer da fruto y confiesa un nuevo nombre de Dios: “Dios-siembra” (Os 2,24). “Alzad la mirada” es, por eso, una invitación a descubrir esa fecundidad que nace en los lugares que Dios bendice, con referencia singular a la familia, Iglesia doméstica; y a la Iglesia, familia de familias. Este año lo hemos dedicado los Discípulos a ahondar en los ámbitos de vida que nos abre María, la Madre del Señor, según nuestro lema: “en María, Cristo”. La visita del Papa nos sirve así para recapitular este año, al recordarnos

que esos lugares no se cierran sobre sí mismos, sino que se abren más allá, para dar vida fecunda y para inaugurar un futuro alegre que nos ilusiona.

Estos ambientes fecundos que nuestros ojos contemplan al alzarse evocan también la Eucaristía. Pues las mieses que Jesús ve son los futuros cristianos, que pasarán a formar un solo pan eucarístico. En esta clave eucarística pueden interpretarse los grandes encuentros de oración de la visita del Papa. Son, en Madrid, la jornada de oración eucarística con los jóvenes y la Eucaristía en el día del Corpus Christi; y, en Barcelona, la jornada de oración en Montjuic y la Santa Misa en la Sagrada Familia. El Papa, que es principio y fundamento visible de la unidad de la Iglesia, nos invita a vivir la Eucaristía desde el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Es la visión de san Agustín, para quien la Eucaristía es la presencia real de Cristo que nos incorpora realmente a su cuerpo para vivir su propia vida. El gran misterio es “Cristo en nosotros” (Col 1,27). Al oír “el cuerpo de Cristo” y responder “¡Amén!” le estamos pidiendo que Él transforme nuestra vida en la suya. Así la Eucaristía se convierte, no solo en contemplación del misterio, sino en nuestra participación vital del misterio. Por eso san Agustín nos invita a “recibir lo que somos” y a “convertirnos en lo que recibimos”. Y el lema episcopal del Papa León reza: “in illo uno, unum”, lo que puede traducirse: “ser un solo cuerpo en aquel que es uno”. Se nos recuerda, así, que nuestra unidad viene de Cristo, que es uno con nosotros, por su Encarnación, y que nos llama a ser uno con el Padre. Y que esa unidad consiste en ser un solo cuerpo, porque participamos de la única Eucaristía, donde se contiene su vida entera.

La Eucaristía nos guía a una tercera clave, que asocia la visita del Papa con el tema que nos guiará a la familia discipular el año próximo, en que reflexionaremos sobre el sacramento de la Confirmación y la misión que nos abre: “El crisma que recrea el mundo”. León XIV celebrará en España la procesión del Corpus por las calles de Madrid; y en Barcelona bendecirá la gran Cruz que corona el templo de la Sagrada Familia y que presidirá a toda la ciudad, protegiéndola. Ambos eventos nos recuerdan que la fe no es algo privado, para vivirla con miedo ante un entorno hostil a ella. Precisamente la Confirmación, “crisma que recrea el mundo”, nos da fuerza para confesar la fe y, desde ella, enriquecer la ciudad común de los hombres. La misión cristiana consiste en trasladar la Eucaristía a todos los ámbitos de la vida, comenzando por la familia hasta llegar a las cuatro esquinas de la plaza pública… Pues en la Eucaristía se aprende un modo de vivir las relaciones que es plenamente humano y que contagia de humanidad todas las esferas de la vida. El Papa, en su viaje, se reunirá, de hecho, con representantes del mundo del trabajo, del arte, de la asistencia social, de la política…, visitando incluso senado y congreso de la nación. Será una oportunidad para ahondar en la misión de la fe en la sociedad, pues Dios es fundamento de nuestra vida común. Él es aquel que sostiene la dignidad del hombre y sus derechos y deberes inalienables.

“Alzad la mirada y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega” (Jn 4,35). A Cristo le urge enviar trabajadores a su viña, no porque los campos sean pedregosos y estériles, sino por la fecundidad que rebosan. De ahí que la misión cristiana esté empujada, no por un mandamiento que nos obliga desde fuera, sino por la ilusión de un fruto abundante. La visita del Papa nos llene de esa esperanza para cuidar los ambientes que Dios nos ha dado, edificarlos desde la Eucaristía y rebosar desde ellos hacia la ciudad de los hombres.

Encomendando los frutos del viaje apostólico de León XIV, os envío un saludo cordial en el Señor nuestro.

José Granados García
Superior general

 

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